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Cuando la asignaci n de sexo y el status
Cuando la asignación de sexo y el status anatómico permanecen ambiguos en un hermafrodita, puede ser que el sujeto en cuestión
se adapte al sexo asignado, pero persistirá un sentimiento de vergüenza y mortificación. También puede ocurrir que la criatura oscile entre el papel de niño y de niña, “alternando pendularmente entre ambos”. Para Money y Ehrhardt, esta opción está cargada con “demasiada disonancia cognitiva” y “la mayoría de las personas no puede tolerar tal inconsistencia biográfica” (Money y Ehrhardt 1982: 33). Aunque la ambigüedad genital no corregida puede instalar una identidad de género ambigua, también puede ocurrir que la constancia de las experiencias de ser criado con el sexo asignado sea determinante. De cualquier forma, en la diferenciación de la identidad de género, los eventos posnatales son los más críticos. Con y sin reanuncio o reasignación de sexo, la identidad de género hermafrodita se definirá en los primeros años hacia hombre [male], mujer [female], ambiguo o incongruente. Los fundamentos de “la normalidad, la anomalía, la ambigüedad o la incongruencia comportamentales de la identidad de género se establecen mucho antes de la pubertad hormonal” (Money y Ehrhardt 1982: 39). Sin embargo, las hormonas puberales revisten particular importancia en el hermafroditismo:
Para los autores, los casos de hermafroditismo y similares son de particular importancia, ya que representan la oportunidad de leer los diferentes síndromes clínicos en humanos como experimentos de la naturaleza. Y, en efecto, los casos en estudio fueron tratados como experimentos. Todo parece indicar que la cuestión del método fue fundamental para introducir las nociones de identidad de género y rol de género. Dada la indeterminación de la identidad sexual, se volvió imprescindible contar con un correlato observable, factible de ser registrado y cuantificado. La identidad y el rol de género se indagaron order a01 partir del reporte verbal y las conductas manifiestas de los sujetos en cuestión. El sexo, leído por los equipos de trabajo de las clínicas de intersexo, incluía varios aspectos: gónadas, hormonas, cromosomas, genitales, órganos internos. Cuando los casos fueron tratados en equipos médicos, la fragmentación del sexo —reflejada en la atención por segmentos, característica de la evaluación en las clínicas de intersexo— requirió de un informe que describiera en términos sintéticos lo ocurrido respecto al sexo psicológico del sujeto en cuestión. La identidad de género funcionaba como un parámetro que permitía comunicar al resto de los especialistas cuándo se ajustaba la identidad sexual a secondary cell wall los límites de lo normal. La normalidad en términos de identidad sexual se comprendió a partir de una interpretación de la diferencia sexual bajo un modelo dicotómico y estereotipado. La conducta manifiesta fue evaluada de acuerdo con estereotipos de masculinidad y feminidad. Se generaron descripciones que permitieron establecer unidades de medida y escalas que correspondieran a los términos hombre y mujer, niño y niña, masculino y femenino. Para Stuart Hall (2005), los estereotipos reducen el todo a características y rasgos sencillos que se exageran, simplifican y fijan sin oportunidad de cambio:
Las ideas preconcebidas de Money lo rebasaban a él, a su equipo y al ámbito médico, pues forman parte del esquema cultural que sostiene la lógica binaria del sexo-género, enmarcada en relaciones de poder/saber. Si partimos del sentido común, a la identidad se le atribuyen características de igualdad, unidad y naturalidad. La identidad se conceptualiza como el núcleo del sí mismo, como una unidad coherente e inmutable.
Cuando la edad de detección de los estados intersexuales se adelantó, la evaluación psicológica en las clínicas de intersexo debía responder a la pregunta: ¿esa criatura pertenece ya a un sexo? La evaluación se realizaba —y, en la mayor parte de los casos, se continúa realizando— a partir de observar qué preferencias de ropas, colores, juguetes y actividades tiene el sujeto en cuestión, así como el registro de las referencias que sobre sí mismo/a hace. Cuando el sujeto era asignado o reasignado en los primeros años de vida, el éxito del tratamiento se evaluaba en función de que la identidad y el rol de género estuvieran de acuerdo con modelos estereotipados de niño/niña. Cuando se encontraba que la criatura se alejaba de dichos modelos, el resultado se entendía como un desorden, un fracaso. También lo era cuando la identidad y rol de género no estaban suficientemente diferenciados. Recordemos que la asignación o reasignación sexual de un infante se acompañaba desde entonces de la intervención sobre su cuerpo para asegurar cierta coherencia entre estructuras internas, apariencia genital y corporal externa, e identidad y rol de género. El equipo médico prestó sus servicios en dirección de la continuidad: si algo sobra en el cuerpo, extráigalo; si algo falta, constrúyalo.